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Por qué los primeros años son los más importantes para el aprendizaje 

A los maestros de Early Years suelen hacerles una pregunta con frecuencia:

“¿Qué aprendió hoy mi hijo?”

Y la respuesta muchas veces es: ¿por dónde empezar?

Cuando los niños llegan por la mañana y se despiden de sus cuidadores, están aprendiendo a gestionar sus emociones.

Cuando van al área donde guardan sus pertenencias, se quitan el abrigo o se ponen sus zapatos, están desarrollando independencia, responsabilidad, habilidades motoras finas y gruesas, así como capacidades relacionadas con su desarrollo físico.

En el aula, elegir a qué jugar implica desarrollar autonomía, capacidad de decisión y regulación emocional.

Si construyen una torre con bloques, están trabajando habilidades matemáticas tempranas relacionadas con el equilibrio, el peso, las formas y el conteo.

Si observan un libro, incluso sin saber leer todavía, interpretan imágenes y comienzan a darles significado, fortaleciendo habilidades de alfabetización temprana, lenguaje y comprensión.

Mientras tanto, los maestros diseñan cuidadosamente los entornos de aprendizaje, guiando y enriqueciendo las experiencias para ayudar a los niños a comprender el mundo que los rodea.

Por qué el juego realmente importa

Muchas familias creen que los aprendizajes más importantes ocurren cuando los estudiantes se preparan para exámenes o procesos de admisión universitaria. Sin embargo, los especialistas en desarrollo infantil señalan que los primeros cinco años de vida son fundamentales para la construcción de las bases del cerebro.

Y esas bases no se desarrollan sentados frente a un escritorio ni aprendiendo a leer a edades muy tempranas.

Se construyen a través del juego y de las relaciones.

Isabelle C. Hau, directora de Stanford Accelerator for Learning y autora de Love to Learn: The Transformative Power of Care and Connection in Early Education, explica:

“Desarrollar el potencial de cada niño depende fundamentalmente de un factor clave: el profundo impacto de las relaciones tempranas.”

Hau señala que cuando los niños se sienten queridos, seguros y valorados, y cuentan con el tiempo y el espacio necesarios para jugar y explorar mientras son acompañados por relaciones positivas y afectuosas, el aprendizaje ocurre de manera natural.

En entornos ricos en libros, juegos simbólicos, materiales de construcción, arte y oportunidades para elegir, los niños desarrollan habilidades fundamentales como:

  • Regulación emocional.
  • Autorregulación.
  • Resiliencia emocional.
  • Resiliencia física.

Como explica una maestra de Early Years:

“Sin autorregulación, sin la capacidad de gestionar emociones y sentimientos, y sin poder comunicarse de manera efectiva, resulta mucho más difícil acceder posteriormente a aprendizajes académicos más complejos.”

Lo que desde fuera puede parecer juego espontáneo y sin dirección muchas veces representa algunos de los aprendizajes más importantes de toda la vida.

La neurociencia sobre el cerebro de los bebés

Los seres humanos nacemos con miles de millones de neuronas y algunas conexiones neuronales formadas desde antes del nacimiento.

Según Isabelle C. Hau, el crecimiento más acelerado de las conexiones sinápticas, a las que denomina los “motores del aprendizaje”, ocurre desde el embarazo hasta aproximadamente los cinco o siete años de edad.

Los avances en neurociencia han permitido comprender mejor cómo favorecer este desarrollo cerebral.

La evidencia señala la importancia de crear entornos afectivos, estimulantes y enriquecidos donde los niños puedan jugar, explorar y descubrir nuevas ideas de forma natural.

Una de las características más relevantes del cerebro infantil es su plasticidad.

Durante los primeros años de vida, las experiencias tempranas moldean profundamente el desarrollo cerebral. Cuando madres, padres o cuidadores les hablan, les cantan, interactúan con ellos y responden a sus necesidades, se fortalecen conexiones neuronales fundamentales para el aprendizaje futuro.

La Universidad de Harvard denomina este proceso “serve and return ("interacción recíproca"), y lo considera esencial para el desarrollo cerebral saludable.

Estas experiencias ayudan a construir los circuitos neuronales que influyen posteriormente en la manera en que los niños piensan, aprenden y se relacionan con los demás.

A medida que los niños crecen, continúan necesitando amor y seguridad. Sin embargo, es principalmente a través de la exploración y el juego que desarrollan independencia, capacidad de decisión y confianza.

También necesitan adultos capaces de reconocer sus intereses, seguir sus iniciativas y guiarlos durante el proceso de aprendizaje.

Existe amplia evidencia que documenta cómo las relaciones positivas, el cuidado y los entornos ricos en aprendizaje favorecen el desarrollo infantil.

Uno de los estudios más reconocidos en este ámbito es el Abecedarian Approach, basado en décadas de investigación sobre desarrollo infantil.

Joseph Sparling, uno de los creadores del programa y científico emérito de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, sostiene:

“Los niños pequeños están preparados para aprender cosas complejas: desde adquirir un idioma completo hasta resolver problemas. No siempre aprovechamos ese tiempo tan sabiamente como podríamos hacerlo.”

Los primeros cinco años representan una oportunidad única para desarrollar habilidades que acompañarán a los niños durante toda su vida.

Bibliografía:
      NAE. (2025) Why Early Years are the most important years in learning. The British International School Bratislava, Eslovaquia. Recuperado el 31/07/26. Disponible en: https://www.nordangliaeducation.com/insights/2025/articles/why-early-years-are-the-most-important-years-in-learning